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L
a Gaceta de Madrid infor-
maba, un martes, 13 de
diciembre de 1701, de
cómo el rey Felipe V desig-
naba como gobernador: «de
Gibraltar al Señor D. Diego de
Salinas.» Este nombramiento,
sumado a otras decisiones del
Borbón, pretendía asegurar el
trono ante una previsible guerra
frente al archiduque Carlos de Austria, aspirante
a la corona española. En cambio para el Sargento
General de Batalla don Diego de Salinas, suponía
alcanzar el culmen de una carrera militar que
había iniciado como un simple paje. Se le ponía al
mando de un enclave estratégico primordial,
punto de unión entre el Atlántico y el Mediterráneo.
Paradójicamente, sería el inicio de su ocaso, qui-
zás marcado por esa desafortunada fecha, un
martes y 13, al acabar perdiendo la ciudad tres
años más tarde.
Al llegar a Gibraltar, a comienzos de 1702, no
quedó nada satisfecho con su estado. La plaza
tenía una merecida fama de inexpugnable gracias
a sus condiciones naturales: una pequeña penín-
sula dominada por un gran peñón de inaccesibles
acantilados y unida a España por un estrecho
istmo. En su lado occidental se situaba la ciudad,
de unos 5.000 habitantes, mirando hacia la bahía
de Algeciras. Además contaba con diversas forti-
ficaciones, 110 piezas de artillería, abundante
munición y pólvora. Pero el problema, y grave,
estaba en la dotación de soldados, que apenas
llegaba a 100, de los cuales solo había seis artilleros.
Preocupado,
especialmente tras esta-
llar la Guerra de Sucesión en mayo de ese mismo
año, decidió escribir repetidas veces pidiendo
refuerzos, sin ningún éxito.
La situación se volvió insostenible en 1704. Una
potente armada angloholandesa, aliada del
archiduque Carlos, navegaba entre el Atlántico
y el Mediterráneo para conquistar una plaza
que les sirviese de base de operaciones.
Liderada por el almirante inglés Rooke y el prín-
cipe de Hesse, contaba con 60 naves y llevaba
a bordo 20.000 soldados. El 1 de agosto se
divisaba la flota entrando en la bahía de
Algeciras. Inmediatamente algo más de 3.000
soldados desembarcaban y ocupaban el istmo
para cercar por tierra Gibraltar, mientras los
«En apenas 6 horas
se lanzaron contra
Gibraltar más de
15.000 proyectiles»
[Salvador Laspeñas]
El Último
de
Gibraltar
Diego
de Salinas