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E
stas pesimistas palabras pronunciadas
hace un siglo, por el que probablemente ha
sido uno de los más grandes escultores
monumentalistas de nuestra Historia,
hacen referencia al desarrollo del arte estatuario
español con respecto al europeo. Y sin embargo,
podían ser fácilmente extrapoladas a nuestros
días, añadiendo a los males de los que habla
Benlliure, la falta de gusto por parte de los respon-
sables de Cultura de los distintos Ayuntamientos y
Comunidades Autónomas y el imperante esnobis-
mo de sus expertos a la hora de licitar los pocos
vestigios de arte urbano que nuestros pueblos y
ciudades atesoran.
Sin llegar a caer en el tópico de que cualquier
tiempo pasado fue mejor, si que es cierto que la
escultura decimonónica–del siglo XIX y principios
del XX–, dejo magníficas muestras entre los
monumentos públicos de nuestro país. Hubo una
época en que la escultura era un claro reflejo de
la situación política, social y cultural de una nación.
Así, cualquier recorrido que se haga a través de
las creaciones que decoran nuestras plazas y
parques permite recrear con facilidad una buena
parte de la Historia de España y, en especial, de la
de carácter militar, dedicadas a ensalzar persona-
jes o hechos de armas, y en muchas ocasiones
levantados por suscripción popular.
Cabalgando entre el
bronce y la piedra
«En España, ¡ah! en España hubo hasta hace poco aversión al Arte al aire libre. Pocos monumentos existen en nuestras
plazas y calles; mucho dejan que desear los que hay, y si fuera a juzgar el Arte español por tales muestras, ¡medrados
estaríamos! Dos cosas concurren a producir este mal: la falta de respeto del público para tales obras de arte, y el que
las dedicamos a conmemorar sucesos o personas que no tienen el sufragio universal de los ciudadanos»
Mariano Benlliure y los héroes del Alcántara
[Luis Esteban Laguardia]
Monumento al Regimiento de
Cazadores de Alcántara.
Escultura en bronce, obra del
escultor Mariano Benlliure.