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scribió el historiador, periodista y aboga-
do Fernando de la Quadra-Salcedo y
Arrieta Mascarua, tercer Marqués de
Castillejos:
«Te conocí una tarde ya muy
viejo, / con traje azul y boina de carlis-
ta; / soñabas todavía la conquista / del fuerte
de Axpe…»
El hombre al que dirige sus versos no
era otro que el coronel
Eulogio de Isasi
, y el sueño
al que hace referencia no es otro que la toma del
fuerte de Aspe, que Isasi llevó a cabo durante la
Tercera Guerra Carlista.
El fuerte en cuestión había sido construido por los
gubernamentales en el sitio llamado Goikolarra, la
cima más alta del monte Axpe (también conocido
como monte Axpuru), en el municipio de Erandio. El
paraje, actualmente, se denomina también
Hirugurutzeta o Tres Cruces. Está en la orilla dere-
cha del Nervión, a poca distancia al norte del histó-
rico puente de Lutxana, que tan famoso se hizo en
la Primera Guerra Carlista. Con esta situación la
fortificación dominaba la Ría, y se convertía así en
un enclave estratégico, tanto para los liberales,
comprometidos en su defensa, cómo para los car-
listas, puesto que desde allí se podía entorpecer la
navegación y así aislar Bilbao. Es con esta idea que
la noche del 12 de abril de 1875, el entonces
teniente coronel Isasi, junto con el capitán Ramón
de Axpe, al mando de un destacamento de 80 hom-
bres del batallón de Arratia, asaltó el fuerte. La
guarnición estaba constituida por la séptima com-
pañía del regimiento de Galicia, al mando del
comandante Luis Cidranes y López, junto con la
dotación de las dos piezas de artillería de 16 y de
12 cm en servicio en el fuerte. En total: un coman-
dante, un capitán, dos tenientes, 104 infantes y 14
artilleros de a pié.
Fue un golpe de mano en toda regla, al amparo de la
oscuridad. Muertos o capturados los centinelas, los
carlistas asaltaron la plaza sin contemplaciones.
Sólo 30 de los defensores lograron escapar, el resto
perecieron o fueron hechos prisioneros. Amaneció
así el fuerte de Axpe con la cruz de borgoña ondean-
do en sus baluartes. La respuesta gubernamental
no se hizo esperar, y al día siguiente se apostaron
cerca del fuerte catorce compañías con dos piezas
de montaña, y se dio la orden de abrir fuego de arti-
llería sobre Axpe desde los fuertes de Roítegui y
Banderas, así como desde la goleta
Buenaventura
,
situada en la Ría. A lo largo del día fueron convergien-
do más liberales al asedio, y se empezaron los pre-
parativos para instalar en las proximidades una
batería de piezas de 16 cm. Con este panorama, y
habiendo cumplido su misión, los carlistas decidie-
ron retirarse, y tan silenciosamente cómo habían
llegado, la madrugada del 13 abandonaron el fuerte,
no sin antes incendiarlo. El incidente no resultó deci-
sivo en el devenir de la guerra, pero fue un duro
golpe a la moral de los defensores de Bilbao, y una
operación audaz y decidida por parte de Isasi y sus
hombres. Prueba de ello es la pieza que nos ocupa,
Recompensa para
un coronel carlista
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