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l ataque a un destacamento español que
custodiaba unas obras a las afueras de
la ciudad de Ceuta fue el motivo esgrimi-
do por el Gobierno de España para decla-
rar la guerra al Sultán de Marruecos,
Muley El-Abbas, la que daría en llamarse la Primera
Guerra de África, entre finales de 1859 y media-
dos de 1860. Conflicto dotado de tintes románti-
cos, que despertó el fervor patriótico por toda
España, dirigida por militares que jugarían un
papel determinante en la historia de nuestra
nación (O’Donnell, Serrano, Prim, Ros de Olano…)
y de la que quedarían para la posteridad los nom-
bres de batallas célebres: Castillejos, Río Martín,
Tetuán, Uad-Ras.
En 1859, se encontraba acuartelado en Córdoba
el Regimiento de Farnesio, 5º de Lanceros, dos de
cuyos escuadrones fueron llamados para inte-
grarse en la llamada División de Caballería, que al
mando del general Alcalá Galiano, se formaba
para tomar parte en la campaña. Ya el 1º de
enero de 1860, ambos escuadrones participarían
en el primer gran enfrentamiento con las fuerzas
del Sultán, en el valle de los Castillejos.
La acción más destacada de los Lanceros de
Farnesio en esta campaña tuvo lugar días más
tarde, el 23 de enero, en las cercanías de Tetuán,
cuando ambos escuadrones cargaron contra la
caballería de Muley-El Abbas, que puso en fuga a
las tropas que asediaban al batallón de Cazadores
de Cantabria. En dicha carga, el cabo Pedro del
Castillo, lancero de Farnesio, se apoderó de una
bandera cogida al enemigo y que sería enviada
más tarde a España como regaló para la Princesa
de Asturias. A Pedro del Castillo, por su notable
arrojo y valor, se le ascendió a sargento y se le
concedió la Cruz Laureada de San Fernando.
Pasado casi un mes de aquella batalla, recibía el
coronel del Farnesio, José Chinchilla, Marqués de
Casa-Alta, la siguiente misiva, que citan los seño-
res Emilio Castelar, Francisco de Paula Canalejas,
Gregorio Cruzada Villamil y Miguel Morayta en el
libro «Crónica de la Guerra de África»:
Señor coronel del regimiento de Farnesio, quinto de
caballería, primero de lanceros.— Africa.— Muy
señor mío y de todo mi respeto: Espero será V. S.
tan amable que me dispensará al tener la osadía de
molestarle; pero teniendo un hijo en el tercer
escuadrón de su respectivo mando, que con el
mayor placer mío está blandiendo su lanza contra
las huestes musulmanas y al lado de su valiente y
aguerrido coronel, el que con tanta bravura, deci-
sión y arrojo cargó dichas huestes por varias y rei-
teradas veces, siendo el asombro y terror de los
agarenos, llenando de gloria nuestras armas espa-
ñolas y el reinado de nuestra excelsa reina Isabel II.
Mi hijo Juan Martín, que, como dije á V. S., se halla
en el tercer escuadrón, hace mes y medio no
tengo noticia de si es vivó ó muerto, pues desde la
batalla del 1.° de enero no he vuelto á saber nada
de él, y espero de su bondad se sirva (si es vivo)
decirle que escriba a su padre, y si es muerto ten-
drá V. S. la bondad de participármelo: que si bien
es cierto que al amor de padre es natural el senti-
miento y desgracia de un hijo, no por eso crea V.
África
(1860) :
la
guerra
romántica
[Juan del Junco]