FD MAGAZINE
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estuviera en una isla desierta. Jamás me ha
inquietado lo más mínimo la opinión ajena, no quie-
ro arrojar ninguna imagen. Quiero que se olviden
de mí, quiero que no me conozcan. En mi casa de
Castilfrío hay dos azulejos que dicen. «Visita no
acordada, visita no deseada» y otro que recoge un
verso de Miguel Hernández: «Yo solo soy yo cuan-
do estoy solo». Ni pregunto cuántos ejemplares
tiran de mis libros, ni pregunto cuántos se venden.
Me interesa en muy escasa medida, en la medida
en que me puede ayudar a escribir más libros,
porque me dé algo de dinero. Solo eso.
P.- Como viajero, ¿qué viaje ha marcado su vida?
R.-
Todos. Mi vida está hecha de viajes. Mucha gente
cree que paso mucho tiempo en España, porque me
ve aparecer por la radio, por la televisión, en progra-
mas que dejo grabados. Pero me paso siete u ocho
meses fuera de España cada año.
Mi primer viaje lo hice cuando tenía un año de
edad y fue sumamente peligroso. Mi madre se
escapó del Madrid de las checas; acabamos atra-
vesando el Mediterráneo en una avioneta de los
servicios aéreos franceses y en una avioneta a
Melilla y, desde allí, en un buque de guerra, bom-
bardeado por la aviación republicana, hasta Cádiz.
Y luego en un barco que costeaba el litoral portu-
gués, hasta Vigo y Ferrol, donde pasamos el resto
de la guerra. Aquel viaje me marcó. No lo recuer-
do de forma directa, solo fogonazos, pero sí
recuerdo lo que me han ido contando mi madre y
otros miembros de la familia sobre aquel viaje, y
he escrito mucho sobre aquel viaje.
Ya aquel viaje me marcó, como cuando, a los quin-
ce años, me dedicaba a recorrer Castilla con una
manta, una bota de vino y cinco duros de mi fami-
lia. Y la recorría a pie, de convento en convento, de
cuneta en cuneta, de aldea en aldea; comprándo-
me un filete en la carnicería de un pueblo y bus-
cándome una viejecita que me lo friera por una
peseta. Yo creo que la España Mágica, mi Gárgoris
y Habidis, nació en aquellos viajes.
Y en el momento en que, en 1967, yo salgo del
habitáculo occidental y llego a Oriente, a Bombay,
a la India, a Japón, a toda Asia, ese viaje es la
columna vertebral de mi vida y continuamente
vuelvo a él en mis libros.
Pero un viaje escandaloso que me haya marcado
mucho más que todos los demás han sido los
viajes que he llevado a cabo con las sustancias
enteogénicas. Ese tipo de viajes enteogénicos, en
la medida en que son viajes al fondo de la concien-
cia, incluso de la subconsciencia e inconsciencia
colectiva, son los viajes que más me han marcado.
P.- ¿Se ha mordido la lengua alguna vez y des-
pués se ha arrepentido especialmente por ello?
R.-
La verdad es que me he mordido la lengua muy
pocas veces. Más bienme he arrepentido de las esca-
sísimas veces en las que sí me he mordido la lengua.
Nunca hay que morderse la lengua, hace daño. Y,
además, no pasa nada. Yo digo muchas cosas que
casi nadie se atrevería a decir. Lo digo porque las
pienso, no por provocar. Me molesta mucho que me
llamen provocador, es lo único que me molesta. Me
pueden llamar lo que sea, pero, que me llamen provo-
cador me molesta, porque un provocador es un
«Escribir es una
vocación,
no es una
profesión, y es algo que yo
haría aunque estuviera en
una isla desierta.»
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