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FD MAGAZINE
impostor, falsifica su modo de pensar para inducir
una reacción en el interlocutor. No es mi caso, aun-
que sí me he dado cuenta, a lo largo de la vida, que
mis ideas resultan provocadoras. Desde siempre,
desde que era niño.
P.- ¿Qué experiencia de las que ha vivido profe-
sionalmente eliminaría si pudiera?
R.-
De mi vida profesional eliminaría todo lo que sea
televisión. Todo. Lo de la televisión, en mi caso, es
una condena kármica. Algo debí hacer mal en mi
vida anterior, que me condena. Yo llevo 38 años
haciendo programas de televisión y yo detesto la
televisión. No me gusta hacer televisión, no veo tele-
visión, no me interesa la televisión. La llamo «el malig-
no instalado en el cuarto de
estar de todos los domicilios». Y,
sin embargo, soy un plusmar-
quista: no veo que nadie haya
hecho 38 años prácticamente
seguidos de televisión, como los
llevo haciendo yo. Eso sí, tengo
que matizar: una cosa son los
programas de libros, que son la
mayor parte de lo que hecho, y
otra cosa son el resto de los
programas.
Por una parte, no me gusta
hacer televisión, pero sí me gusta
hablar de literatura y con otros
escritores. Y sí me gusta esa
sensación, que he tenido a lo
largo de todos estos lustros, de
que estaba poniendo una gotita
de dignidad en un medio absolu-
tamente indigno, por lo general,
como es el de la televisión, y que
estaba ayudando a gente a descubrir libros y a con-
vertirse en lectores.
P.- ¿Hay alguien a quien le gustaría haber entre-
vistado y le ha dicho no?
R.-
Sí, y además eso lo respeto mucho. Una perso-
na que decide no salir en televisión me parece que
es una persona sumamente digna. Por ejemplo,
García Márquez no va nunca a televisión. Se ha
visto en algún reportaje, pero no en una entrevista
en directo. Javier Marías tampoco va a televisión.
Yo eso lo respeto mucho. Sí, son personas que
me han dicho que no.
P.- ¿Existe algún tema en la actualidad con el
que usted esté especialmente indignado?
R.-
No, eso es imposible, porque mi filosofía es,
precisamente, la de
Epicuro, la de los estoi-
cos y la de Diógenes: la
sabiduría consiste en
no indignarse nunca
por nada. Mi filosofía es
la de la resignación.
Donde escribo tengo
clavada con una chin-
cheta una frase de un
filósofo presocrático
que es mi frase favorita:
«Nada importa, nada».
Si tú estás bien contigo
mismo, no hay razón
para indignarse. Yo
jamás me indigno por
nada, jamás me enfado,
no sé lo que es enfadar-
se. Indignarse no sirve
para nada, porque indig-
narse no arregla las
cosas y lo estás pasan-
do mucho peor de lo
que la cosa en sí te lo
«Hemos pasado
de la España
mágica,
a la España
trágica, que fue la de
la Guerra Civil.»
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