FD MAGAZINE
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P.- ¿Le queda algo por hacer a Sánchez Dragó?
R.-
He subido en globo y todas esas cosas las he
hecho. En cambio, mi obra literaria es una cadena
de anillos eslabonados, en la que todos los anillos
salen del anterior. En esa cadena faltan todavía
bastantes anillos y, además, pretendo irme del
globo terráqueo habiéndolo visto todo y, aunque
he visitado 100 países a fondo, aún me quedan
unos cuantos por visitar y espero que mi vida dé
de sí lo suficiente para recorrer todos los países
en los que no he estado y para escribir todos los
libros que cerrarán esa cadena de anillos eslabo-
nados que es mi obra literaria. Tengo tarea, y yo
creo que cuando tienes algo que hacer, no te
mueres y cuando no tienes nada que hacer es
cuando te mueres. Por eso creo que la jubilación
tendría que estar prohibida.
P.- ¿Cómo le gustaría que le recordaran?
R.-
Ya a mi edad, y no solo a mi edad, muchas
veces me he planteado cómo va a ser mi epitafio.
Tengo varios. Uno de ellos dice: «Na de na». Otro,
que es una paráfrasis del epitafio de una matrona
romana dice: «Guardó su casa e hiló», y yo había
pensado decir: «Cuidó de los suyos y escribió». Y
uno que me gusta mucho, que es cervantino dice:
«Fuese y no hubo nada». En mi estudio de Castilfrío,
donde escribo, tengo delante un ataúd, bonito, de
madera de pino, de película del oeste, recogido en
un pueblo abandonado de la provincia de Soria. He
metido dentro de él todos mis libros, polvo en el
polvo, y fuera de él, en la tapa, todos los premios
que he ido recibiendo a lo largo de la vida. Más
polvo en el polvo. Yo me autodefino, como Baroja,
hombre humilde y errante, viajero y escritor. No
hay más.
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