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FD MAGAZINE
P.- ¿Cuáles son las principales falacias sobre las
que el nacionalismo sustenta el supuesto enfren-
tamiento de Cataluña con el resto de España?
R.- Durante décadas
,
se ha extendido el discurso
de que el resto de España roba a los catalanes,
que el Estado pretende discriminar el catalán en
la enseñanza o que cualquier problema que exista
en Cataluña siempre es culpa del gobierno espa-
ñol de turno. Y sobre todo
,
se ha procurado ir
erosionando y rompiendo los lazos de afecto entre
los catalanes y el resto de los españoles. Más allá
de cuestiones concretas, el trasfondo último es
provocar este alejamiento sentimental. Creo que
una parte importante de los catalanes ha creído
estas falacias, pero lo cierto es que una mayoría
de catalanes seguimos viendo al resto de españo-
les como compatriotas, no como extranjeros.
P.- Parece evidente que el triunfo
de esos «mitos» nacionalistas con-
tra España han calado en una parte
de la sociedad catalana, ¿a qué se ha
debido esto? ¿Cómo se puede mitigar?
R.- Como le decía en la anterior pregunta,
creo que el triunfo de los mitos nacionalis-
tas ha sido el resultado de décadas de ince-
sante conformación de las mentalidades
colectivas por parte de ciertos medios de
comunicación y del  propio sistema educativo. Se
ha destinado muchísimo dinero a ello, y le pongo
dos ejemplos. Más de 180 millones de euros
desde 2008 en medios de comunicación priva-
dos, además de elevados sueldos. Una televisión
pública donde el discurso dominante y muchas
veces único es siempre el mismo, incluso cuando
gobernada el Partido Socialista de Cataluña.
Estamos trabajando para corregir esta situación,
poniendo en valor la pluralidad de la sociedad
catalana. España es una de las más antiguas
naciones de Europa
,
y por ende, del mundo.
Somos una nación plural y diversa. Y Cataluña no
es menos diversa. Para una mayoría de catala-
nes
,
el resto de España no es un país extranjero
ni quieren que lo sea. Cada vez hay más catalanes
que no se sienten identificados con esos mitos
nacionalistas que no conducen a ningún sitio y
sólo contribuyen a hacer más difícil la convivencia
entre todos.
Un político que se plantee
romper la legalidad no tiene
cabida en una democracia
moderna.
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