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FD MAGAZINE

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P.- ¿Qué encuentra en el mar que eche de

menos en tierra?

R.- Las reglas. El mar exige un cumplimiento

estricto de las reglas. El mar no perdona la

indisciplina, no perdona la distracción, no

perdona nada, es implacable. Yo soy capitán

de yate, soy el patrón de mi barco. Con un

amigo, con un familiar puedo discutir en tie-

rra, decidir qué hacemos o qué no hacemos,

pedir opinión: pero en el mar no, en el mar yo

decido, no hay posibilidad de discutir, en el

mar no existe la democracia. En el mar, es la

cadena de mando, hay un patrón que manda

y hay que obedecer, se equivoque o no. En el

mar todo está muy claro y es muy simple,

muy recto. Y esa simpleza de las cosas, esa

preminencia de las reglas es lo que me

gusta del mar. El mar es un lugar muy peli-

groso que tiene unas reglas implacables, es

la realidad. Y también por eso me gusta el

mar, porque no cualquiera puede estar allí.

P.- Si cierra los ojos y evoca el mar, ¿qué se

le viene a la cabeza?

R.- La tierra lejos. Cuando voy

navegando y pongo rumbo perpen-

dicular a la costa y pierdo de vista

la tierra, siento que he entrado en

una dimensión diferente y mucho

más agradable. Las estupideces,

la demagogia, las tonterías, las

imprecisiones de tierra firme que-

dan atrás, y en el mar solamente

estás tú, tu responsabilidad, tu barco y las reglas.

Y con un buen barco y con las reglas puedes dar

la vuelta al mundo, navegar eternamente. Y eso

está muy bien.

P.- ¿Es por tanto un marino solitario el último

reducto de la libertad?

R.- Sí, pero no tiene por qué ser solitario, todo es

cuestión de con quién navegues, ¿no? Una tripula-

ción silenciosa es más útil que un navegante soli-

tario, que tiene que dormir, tiene que descansar.

Una tripulación de gente disciplinada y silenciosa a

bordo es incluso mejor, porque puedes descansar

y dejar en sus manos el gobierno del barco.

Cuando haces un viaje largo y tienes que navegar

noche y día y tienes que hacer guardias, ir con

gente competente a bordo, gente a la que cono-

ces, que sabes que va a hacer sus cuatro horas

de guardia con disciplina, con rigor y con vigilancia,

te permite irte a dormir tranquilo. No, no, a mí me

gusta llevar tripulación, pero tripulaciones silencio-

sas y disciplinadas. Como digo siempre, en mi

barco ni se grita ni se discute ni se corre.

En mi barco, ni se grita

ni se discute ni se corre”

Foto: Victoria Iglesias